
Cada vez más pacientes me preguntan en consulta por los rellenos dérmicos. Algunas han oído hablar del ácido hialurónico, otras lo confunden con el “botox”, y muchas simplemente quieren verse mejor sin que nadie note que se han hecho nada.
Lo cierto es que los rellenos dérmicos son uno de los tratamientos más demandados en dermatología estética hoy en día. Pero también son uno de los que más dudas generan.: ¿Sirven solo para los labios?¿Son seguros?¿Quedan artificiales?¿Son lo mismo que los neuromoduladores?
En este artículo quiero explicarte, de forma clara y sencilla, qué son exactamente los rellenos dérmicos, para qué los utilizamos los dermatólogos y qué puedes esperar realmente de este tratamiento.
Los rellenos dérmicos son sustancias inyectables que utilizamos para restaurar volumen, suavizar arrugas o mejorar la forma de determinadas zonas del rostro.
Con los años perdemos colágeno y fibras elásticas, lo que hace que la piel esté menos tersa y con más arrugas. Además, los paquetes grasos que todos tenemos debajo de la piel pueden disminuir su volumen (sobre todo los superficiales) o tienden a descender generando a la zona baja del óvulo facial.
Es por esto que aparecen surcos más marcados, las mejillas descienden provocando flacidez y la piel pierde su firmeza. Los rellenos nos permiten compensar esos cambios de forma precisa y controlada, bien rellenando esta pérdida de volumen o bien actuando como tensores.
El material de relleno más utilizado hoy en día es el ácido hialurónico, una sustancia que ya existe de manera natural en nuestro organismo. Su función principal es retener agua y mantener la piel hidratada y con volumen. Cuando lo infiltramos en consulta, lo que hacemos es devolver soporte e hidratación en puntos estratégicos del rostro, así como reponer volúmenes.
Aunque cuando hablamos de rellenos casi siempre pensamos en el ácido hialurónico, no todos los rellenos son iguales ni todos los materiales se comportan de la misma forma en la piel
Lo más importante que debes saber es que son materiales biocompatibles. Esto significa que tu cuerpo los reconoce como algo propio y, con el tiempo (entre 6 y 18 meses, dependiendo de la zona), los va degradando poquito a poco hasta que desaparecen.
Hoy en día, en dermatología moderna, priorizamos siempre materiales reabsorbibles y con buen perfil de seguridad, evitando rellenos permanentes que pueden dar complicaciones a largo plazo.
Cuando hablamos de rellenos dérmicos no estamos hablando sólo de “rellenar arrugas”. De hecho, en medicina estética moderna cada vez utilizamos menos esa expresión.
El objetivo real es restaurar lo que el tiempo va modificando y mejorar la armonía facial sin cambiar la expresión.
Con los años, las almohadillas de grasa de la cara se van desplazando o disminuyen (especialmente en los mejillas y las sienes). Esto hace que la cara se vea "derretida" o cansada. Con los rellenos dérmicos:
Aquí atacamos esas líneas que nos dan un aspecto de enfado o cansancio permanente.
Con los materiales de relleno no buscamos solo rejuvenecer, sino que muchas veces vamos a armonizar rasgos para embellecer.
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Es una de las preguntas más frecuentes en consulta. Muchas personas utilizan ambos términos como si fueran lo mismo, pero actúan de forma completamente distinta.
Los rellenos dérmicos aportan volumen o estimulan la síntesis o la producción de colágeno.
Los neuromoduladores relajan temporalmente los músculos implicados en las expresiones faciales.
Y esta diferencia es fundamental.
Sí, los rellenos dérmicos y los neuromoduladores pueden combinarse, y de hecho en muchos casos es la forma más equilibrada de abordar el rejuvenecimiento facial. Mientras los neuromoduladores relajan la musculatura responsable de las arrugas de expresión, los rellenos restauran el volumen perdido y mejoran la estructura del rostro.
Cuando se planifican de forma global y personalizada, el resultado es mucho más armónico y natural, sin sensación de “rostro tratado”, sino simplemente de aspecto descansado y fresco.
El tratamiento comienza siempre con una valoración médica personalizada. Analizamos el rostro en reposo y en movimiento, estudiamos proporciones faciales y hablamos sobre lo que le preocupa a cada paciente. No se trata solo de “poner producto”, sino de decidir dónde y cuánto es realmente necesario.
El procedimiento se realiza en consulta de forma ambulatoria. Aplicamos anestesia tópica en algunos de los casos, y muchos rellenos ya incorporan anestésico en su composición, por lo que las molestias suelen ser mínimas.
La infiltración se realiza con aguja fina o con cánula, dependiendo de la zona a tratar. La sesión suele durar entre 20 y 40 minutos, según el número de áreas tratadas.
Tras el tratamiento puede aparecer:
Son efectos normales y transitorios. La mayoría de pacientes puede hacer vida prácticamente normal el mismo día, evitando ejercicio intenso durante las primeras 24 horas.
El resultado es visible de forma inmediata, aunque el aspecto definitivo se aprecia mejor cuando baja la inflamación inicial, generalmente en pocos días.
Y algo que siempre recalco: un buen relleno no debe notarse como “algo añadido”. Debe integrarse con naturalidad y respetar tu expresión.
La duración es otra de las preguntas habituales en consulta. Y la respuesta es que depende de múltiples factores como son: el área tratada, la zona de infiltración y el tipo de producto.
En el caso del ácido hialurónico, la duración media suele estar entre 6 y 18 meses, siendo las zonas móviles y las infiltraciones profundas las que más tardan en absorberse y las zonas móviles como los labios los que puede durar menos el producto. No obstante, estudios recientes sugieren que nunca desaparecen del todo y que puede quedar algo de producto residual.
Es importante entender que el objetivo no es que el relleno dure “para siempre”. Lo ideal es que el producto se integre bien, se degrade de forma progresiva y podamos mantener el resultado con pequeñas revisiones si el paciente lo desea.
Los rellenos dérmicos actuales, especialmente los reabsorbibles como el ácido hialurónico, tienen un perfil de seguridad alto cuando se utilizan productos homologados y son aplicados por profesionales médicos con formación adecuada.
En Dermaniac entendemos los rellenos dérmicos como un tratamiento médico, no como una moda.
Cada persona envejece de manera diferente. Por eso realizamos siempre una valoración personalizada, estudiando proporciones, calidad de piel y estructura facial antes de plantear cualquier procedimiento. Nuestro objetivo no es transformar, sino armonizar y rejuvenecer respetando tu expresión.
Trabajamos exclusivamente con productos reabsorbibles y con evidencia científica, priorizando siempre la seguridad y la naturalidad. Preferimos resultados progresivos, equilibrados y elegantes, que hagan que te veas mejor sin que nadie identifique exactamente qué te has hecho.
Si estás pensando en realizarte un tratamiento con rellenos dérmicos en Madrid y quieres una valoración médica honesta y personalizada, estaremos encantados de asesorarte.
Porque cuando hablamos de tu rostro, la confianza y el criterio médico lo son todo.