
La mayoría de las personas tenemos lunares o nevus en la piel. Por lo general, se trata de lesiones melanocíticas benignas que no representan ningún peligro.
Sin embargo, aunque es poco frecuente, un lunar previo puede experimentar cambios y transformarse en un melanoma. Con mayor frecuencia, el melanoma aparece como una lesión nueva sobre una zona de piel previamente sana y, especialmente en sus fases iniciales, puede confundirse con un lunar común.
Por este motivo, es importante conocer nuestra piel y prestar atención tanto a los cambios que se producen en los lunares que ya tenemos como a la aparición de nuevas lesiones.
No se trata de alarmarse ante cualquier lunar diferente, sino de saber qué características deben llamar nuestra atención y cuándo es recomendable consultar con un dermatólogo.
En esta guía explicamos de forma clara y mediante ejemplos visuales qué diferencias existen entre un nevus melanocítico y un melanoma, qué tipos de lunares podemos encontrar, cuáles son las principales señales de alarma y cuándo conviene realizar una valoración dermatológica.
Un nevus melanocítico es una proliferación benigna de melanocitos, las células responsables de producir melanina y dar color a la piel. Estas células se agrupan formando una lesión que puede ser plana o elevada y presentar distintas tonalidades, desde color piel hasta diferentes tonos de marrón.
Atendiendo a su momento de aparición, se clasifican en dos grandes grupos:
Los nevus melanocíticos pueden tener aspectos muy diferentes entre sí, y conocer sus características ayuda a entender por qué un lunar puede ser completamente benigno aunque no se parezca a otro que tengamos en la piel.
Los dermatólogos clasificamos los nevus de distintas maneras, teniendo en cuenta aspectos como el momento en que aparecen, su localización, su aspecto clínico y dónde se encuentran los melanocitos dentro de la piel.
También llamado nevus de la unión, es un lunar en el cual las células névicas se agrupan en la unión entre la epidermis y la dermis.
Suele aparecer durante la infancia y la adolescencia.

Aquí los melanocitos no están únicamente en la unión entre la epidermis y la dermis, sino que se encuentran tanto en la unión dermoepidérmica como en la dermis Combina una zona plana con otra ligeramente elevada, siendo uno de los tipos más habituales.

Los melanocitos se localizan exclusivamente en la dermis, la capa más profunda de la piel, por lo que suele presentar un aspecto más elevado y menos pigmentado

Es un lunar que presenta algunas características clínicas diferentes de las de un nevus común, sin que esto signifique que sea un melanoma.

Es un lunar rodeado por un anillo o halo completamente blanco (despigmentado). Esto ocurre porque el propio sistema inmunitario del paciente ataca las células del lunar hasta hacerlas desaparecer progresivamente.

Su característica coloración azulada se debe a que la melanina se encuentra en las capas más profundas de la piel.

Es un lunar elevado con una superficie irregular o verrugosa

Suele aparecer en niños y adultos jóvenes y se caracteriza por presentar un aspecto rosado o rojizo con un crecimiento relativamente rápido.

El melanoma es uno de los tipos de cáncer de piel más graves. Se origina cuando los melanocitos —las células responsables de producir melanina, el pigmento que da color a la piel— sufren alteraciones genéticas que hacen que se multipliquen de forma anómala y descontrolada.
A diferencia de lo que ocurre en un nevus melanocítico benigno, las células del melanoma pueden invadir las capas profundas de la piel y extenderse a otras partes del organismo. De ahí la importancia de detectarlo en sus fases iniciales.
El pronóstico depende en gran medida del momento del diagnóstico. Cuando el melanoma todavía es fino y permanece localizado en la piel, las probabilidades de curación son muy elevadas. Sin embargo, a medida que aumenta su profundidad y su capacidad de invasión, también se incrementa el riesgo de que se disemine a los ganglios linfáticos o a otros órganos.
Aunque existen otras variantes menos frecuentes, desde el punto de vista clínico se distinguen principalmente cuatro tipos:
Es el subtipo más frecuente. Suele comenzar como una mancha o lesión ligeramente elevada de crecimiento progresivo, de bordes irregulares y una combinación variable de colores: marrón, negro, rojizo o zonas sin pigmento. Tiene una fase de crecimiento en periferia y al cabo de unos meses se produce una fase de crecimiento vertical o en profundidad. Se localizan en las extremidades y el tronco.

Ae presenta como un nódulo o una “bulto” sobreelevado, que de forma característica crece con rapidez. Puede ser marrón oscuro, negro, azulado o incluso rojizo. A diferencia de otros melanomas, tiende a crecer en profundidad desde etapas tempranas, por lo que tienen un comportamiento más agresivo requiriendo una valoración rápida. Son poco frecuentes y aunque pueden aparecer en cualquier localización son algo más frecuentes en el tronco y la cabeza.

Aparece principalmente en personas de edad avanzada y en zonas de la piel sometidas a una exposición solar crónica, especialmente en la cara, el cuello y el cuero cabelludo. Se caracteriza por un crecimiento muy lento y, en sus fases iniciales, puede confundirse con un léntigo solar o una mancha producida por el sol. Con el paso del tiempo, la lesión aumenta de tamaño y adquiere una forma asimétrica, bordes irregulares y una pigmentación heterogénea, con distintas tonalidades de marrón, negro o gris.
Mientras permanece limitado a la epidermis se denomina lentigo maligno. Cuando invade la dermis, pasa a llamarse melanoma sobre lentigo maligno

Aparece en las palmas de las manos, las plantas de los pies o la región ungueal. Puede comenzar como una mancha marrón o negra, de forma y pigmentación irregulares. Cuando afecta a una uña, suele manifestarse como una banda longitudinal pigmentada que se ensancha, cambia de aspecto o aumenta progresivamente. Debido a su localización, puede pasar inadvertido durante más tiempo y diagnosticarse en fases más avanzadas.

Importante: las imágenes pueden ayudarnos a conocer mejor nuestra piel, pero no permiten diagnosticar un melanoma. Ante un lunar nuevo, diferente al resto o que presenta cambios, lo recomendable es que sea valorado por un dermatólogo.
El melanoma se desarrolla como consecuencia de una combinación de predisposición individual, factores genéticos y exposición a la radiación ultravioleta (UV). No existe una única causa que explique todos los casos y, en algunos subtipos, como el melanoma lentiginoso acral, la relación con la radiación solar es mucho menos evidente.
Entre los principales factores relacionados con su aparición se encuentran:
A simple vista, algunos melanomas pueden parecerse a un lunar benigno, especialmente en sus fases iniciales. Por este motivo, no existe un único signo que permita diferenciarlos con total seguridad. El dermatólogo valora el conjunto de las características clínicas de la lesión, su evolución y las estructuras observadas mediante dermatoscopia.
Cuando persisten dudas o existen signos de sospecha, el diagnóstico definitivo se establece mediante el estudio histológico de la lesión y dermatoscopia.
Cuando nos autoexploramos, nos pueden ayudar la regla ABCDE y el signo del patito feo.
La evolución es especialmente importante. Un cambio reciente en una lesión que previamente permanecía estable siempre merece ser valorado.

No todos los melanomas cumplen claramente los criterios ABCDE. Por eso también es útil fijarse en el denominado signo del patito feo.
La mayoría de las personas suelen tener un patrón de lunares similar en todo su cuerpo (todos suelen parecerse en color, tamaño o forma). El criterio del patito feo se basa en identificar aquella lesión que se ve claramente diferente a todas las demás.
Puede tratarse, por ejemplo, de un lunar mucho más oscuro, más grande, más irregular o simplemente distinto al patrón habitual de esa persona.
Ese "patito feo" es la lesión prioritaria que debe examinar un especialista mediante dermatoscopia.
Sí, aunque no es lo más frecuente. SEOM señala que aproximadamente el 70-80 % de los melanomas aparecen sobre piel previamente sana, mientras que un 20-30 % se desarrollan sobre un nevus previo.
La gran mayoría de los lunares permanecen benignos durante toda la vida. Aun así, conviene vigilar especialmente los nevus que cambian y a las personas con muchos lunares o nevus atípicos.
Por eso, no solo debemos observar los lunares que ya tenemos, sino también cualquier lesión nueva o diferente al resto.
Conviene consultar con un dermatólogo cuando un lunar presenta cambios recientes o características diferentes a las habituales, especialmente si observamos:
El diagnóstico comienza con una exploración clínica de la piel y la valoración de la lesión mediante dermatoscopia, una técnica que permite observar estructuras y patrones que no se aprecian a simple vista.
Si el dermatólogo considera que una lesión es sospechosa, lo habitual es realizar su extirpación completa para estudiarla al microscopio. El análisis histológico permite confirmar si se trata de un melanoma y valorar características fundamentales como su espesor o índice de Breslow, la presencia de ulceración y otros signos de invasión.
La prevención activa es la herramienta más eficaz frente al cáncer de piel.
En nuestra clínica dermatológica en Madrid, contamos con un equipo especialista en dermatología médica y oncología cutánea equipado con tecnología de dermatoscopia digital.
En Dermaniac realizamos revisión de lunares en Madrid, valorando tanto las lesiones que preocupan al paciente como el conjunto de la piel para identificar posibles signos de alarma y determinar si es necesario realizar seguimiento, extirpación o alguna prueba adicional.
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