
La cicatrización es un proceso natural mediante el que nuestra piel repara una herida. Sin embargo, en algunas personas esta respuesta puede ser excesiva y dar lugar a una cicatriz elevada, gruesa y que continúa creciendo más allá de la zona inicialmente lesionada: lo que conocemos como queloide.
Los queloides pueden aparecer después de una cirugía, una quemadura, una herida, un piercing o incluso tras lesiones relativamente pequeñas en la piel como puede ser una lesión inflamatoria en el contexto del acné. Aunque no se trata de una entidad maligna, sí pueden resultar bastante molestos no solo desde el punto de vista estético, si no porque además provocan picor, sensibilidad o dolor.
Un queloide es un tipo de cicatriz anómala caracterizada por un crecimiento excesivo del tejido cicatricial.
Se presenta habitualmente como una zona elevada, firme y engrosada que puede tener un color rosado, rojizo, violáceo o más oscuro que la piel circundante.
Una de sus características más importantes es que no se limita al lugar exacto donde se produjo la lesión, sino que puede continuar creciendo y extenderse progresivamente hacia la piel sana que la rodea.
Este crecimiento puede comenzar semanas o meses después de que la herida haya cicatrizado y, en algunos casos, continuar durante bastante tiempo. Además de su apariencia, algunos queloides producen picor, tirantez, sensibilidad o dolor, aunque otros son completamente asintomáticos.
Una cicatriz normal forma parte del proceso habitual de reparación de la piel. Inicialmente puede ser rojiza, algo elevada o más visible, pero con el paso de los meses suele madurar, aplanarse y hacerse menos evidente.
El queloide, en cambio, sigue creciendo meses o incluso años después de que la herida original haya curado.

La formación de un queloide se debe a un desequilibrio en la fase de remodelación del proceso de cicatrización.
Durante la curación de cualquier herida, unas células llamadas fibroblastos producen abundante colágeno para "sellar" la piel. En una cicatrización adecuada, cuando el tejido se ha reparado, la síntesis de colágeno disminuye y las enzimas del organismo destruyen el exceso.
En las personas que desarrollan queloides, este proceso de reparación se encuentra desregulado. Los fibroblastos mantienen una actividad excesiva y se acumulan cantidades mayores de colágeno y otros componentes de la matriz extracelular.
No conocemos una única causa que explique por qué ocurre. Actualmente sabemos que en la formación de los queloides intervienen diferentes factores, entre ellos:
Es muy común que en la consulta confundan estos dos términos, ya que ambas son cicatrices abultadas, rojas y que pueden causar picor o molestia.
La principal diferencia es que la cicatriz hipertrófica permanece dentro de los límites de la herida original, mientras que el queloide puede extenderse más allá de ellos e invadir la piel sana circundante.
Además, las cicatrices hipertróficas suelen aparecer pocas semanas después de la lesión y, con el tiempo, pueden aplanarse y hacerse menos visibles. Los queloides, en cambio, pueden aparecer meses después y tienden a persistir o continuar creciendo.

Aunque un queloide puede formarse en cualquier zona del cuerpo, existen ciertas áreas anatómicas que presentan una mayor tensión cutánea o una densidad diferente de receptores celulares, lo que las hace especialmente propensas a su aparición:
Los queloides pueden ser difíciles de tratar y no existe un único tratamiento eficaz para todos los pacientes. La elección depende del tamaño y grosor, de su localización, de los síntomas, el tiempo de evolución y si ya ha sido tratada previamente. Es muy importante además evaluar si tiene actividad y se encuentra en una fase de crecimiento o si por el contrario ya no tiene actividad.
En la mayor parte de los casos será necesario combinar varias técnicas para tratarlos de forma satisfactoria y disminuir el riesgo de su reaparición, algo relativamente frecuente.
Entre las principales opciones de tratamiento encontramos:
El láser de CO₂ es una de las técnicas que podemos utilizar para mejorar las cicatrices queloides, especialmente cuando buscamos reducir su relieve y conseguir una cicatriz más uniforme y menos visible.
Este láser actúa de forma controlada sobre el tejido cicatricial, favoreciendo un proceso de remodelación del colágeno. De esta manera, podemos trabajar progresivamente sobre el grosor, la textura y la rigidez del queloide.
El tratamiento no busca simplemente “borrar” la cicatriz. Los queloides tienen un comportamiento particular y una importante tendencia a volver a crecer, por lo que el objetivo es reducir su volumen, mejorar su apariencia y conseguir una cicatriz más plana, flexible y discreta.
En Dermaniac, además del tratamiento con láser de CO₂, solemos combinar el tratamiento con láser vascular y con el uso de medicamentos infiltrados o bien la administración de los mismos a través de los canales dérmicos que hace el láser de CO2 en su modalidad fraccionada. Este abordaje combinado nos permite actuar sobre la cicatriz desde diferentes mecanismos: mientras el láser favorece la remodelación del tejido cicatricial, las infiltraciones ayudan a reducir el tamaño y grosor del queloide y controlar su crecimiento.
En Dermaniac somos especialistas en dermatología estética, láser y tratamiento de cicatrices.
Sabemos que no existen dos pieles iguales ni dos procesos de cicatrización idénticos. Por eso, valoramos cada cicatriz de forma individual y diseñamos un tratamiento adaptado a sus características.
Si tienes una cicatriz queloide que te causa molestias, dolor o incomodidad estética, pide tu cita de valoración en nuestra clínica de Madrid. Analizaremos tu caso para ayudarte a recuperar el bienestar y el aspecto natural de tu piel